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Y se le ocurrió de pronto preguntarse: ¿Para quién estaba escribiendo él este diario? Para el futuro, para los que aún no habían nacido. Su mente se posó durante unos momentos en la fecha que había escrito a la cabecera y luego se le presentó, sobresaltándolo terriblemente, la palabra neolingüística doblepensar. Por primera vez comprendió la magnitud de lo que se proponía hacer. ¿Cómo iba a comunicar con el futuro? Esto era imposible por su misma naturaleza. Una de dos: o el futuro se parecía al presente y entonces no le haría ningún caso , o sería una cosa distinta y, en tal caso, lo que él dijera carecería de todo sentido para ese futuro.

                                   1984. George Orwell

No me hables, si quieres, no me toques, no me conozcas más, yo ya no existo. Yo soy sólo la vida que te acosa y tú eres la muerte que resisto.

— Sabines

Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca.

— Jaime Sabines 

"Los que llegan no me encuentran. Los que espero no existen".

— Alejandra Pizarnik 

Si estuvieras

Si estuvieras aquí, desearía no soltarte
en mis recuerdos escribirte y
dejarle poco al silencio
Te amaría como si mañana te fueras
y te tocaría sabiendo que me voy a ir.

 

K&M

«Pues bien, habré de morir.» Antes que otros, era evidente. Pero todo el mundo sabe que la vida no vale la pena de ser vivida. No ignoraba, en el fondo, que morir a los treinta o a los setenta años no tiene gran importancia porque naturalmente, en ambos casos, otros hombres y otras mujeres vivirán, y así durante miles de millones de años. En ese momento, lo que me molestaba un poco en mi razonamiento era el brinco terrible que sentia en mí al pensar en veinte años de vida por venir

                   El extranjero. Camus

Una tarde, mientras dormía, Caridad entró en la tienda, se desnudó e hicimos el amor, más o menos de la misma manera, como si el asunto no fuera con nosotros y los amantes de verdad estuvieran muertos y enterrados.

                               - La pista de hielo. Roberto Bolaño

Debe haber sal dentro de esa mirada
que me cura tanto

— Hay algo más. Andrés Suárez 

Hay historias de amor que son como amapolas, Rojas, frágiles, casi viento. Y aún así se agarran a la garganta.

— De tu ventana a la mía

”Cuando despertó le dolía el estómago y tenía deseos de morirse. Por la tarde salió a hacer compras. Entró en una lencería y en una tienda de ropa de mujer y en una zapatería. Esa noche se llevó a Rebeca al hotel y después de ducharse juntos la vistió con un tanga y ligueros y medias negras y un body negro y zapatos de tacón de aguja color negro y la folló hasta que ella no fue más que un temblor entre sus brazos. Después pidió que le subieran a la habitación una cena para dos y tras comer le entregó los otros regalos que le había comprado y después volvieron a follar hasta que empezó a amanecer. Entonces ambos de vistieron, ella guardó sus regalos en las bolsas y él la acompañó primero a su casa y luego hasta el mercado de artesanías  en donde la ayudó a montar su puesto. Antes de que se despidiera ella preguntó si lo iba a iba a volver a ver. Espinoza, sin saber por qué, tal vez únicamente porque estaba cansado, se encogió de hombros y dijo que eso nunca se sabía.

-Sí que se sabe -dijo Rebeca con una voz triste que no le conocía- ¿Te marchas de México?- le preguntó.

-Algún día tengo que irme -contestó él.”

                                                  2666. Roberto Bolaño

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